Se acabó. Ha terminado ya el tiempo de los lamentos por las oportunidades perdidas, por lo que tan mal se hizo o por lo que se dejó de hacer. Se acabó el tiempo de criticar, de mostrarnos divididos, de encabronarnos unos con otros. Se acabó el tiempo del “ya lo decía yo” o el de “la culpa es tuya”. Se acabó. Se acabó el dividir y el restar. Ahora llegó el tiempo de sumar.

Estamos al borde del abismo y todavía no tenemos una real conciencia de ello. El descenso a la Segunda División sería un mazazo de tal calibre que es posible que no pudiésemos reponernos. La situación financiera del Valencia es de quiebra técnica y sobrevivimos con castillos en el aire que dependen mayormente de que el Valencia siga siendo un club puntero. Y eso requiere estar en la élite.
Un descenso equivaldría a una reducción de más del 50% de los ingresos actuales. Con una deuda astronómica. Con un estadio que aún no sabemos cierto cómo se va a pagar. Sería catastrófico en lo económico. Dejaríamos de ser un club atractivo allende nuestras fronteras, con la inyección monetaria que ello conlleva. Una nueva generación de jóvenes volvería a ser captada por el Barça o el Madrid: el merchandising por los suelos.
Si esto no deviene en desaparición, poco faltaría.
En estas circunstancias no nos queda otra que apoyar a muerte a nuestro equipo. Se trata de superar una liguilla corta de sólo cinco partidos. Lo mejor de todo es que es irrelevante la clasificación final: ya tenemos premio, la UEFA. Con ganar cinco o seis puntos es suficiente. Puede, de hecho, que con menos.
Cuando hayamos conseguido el objetivo, ya nos podremos despellejar entre nosotros y tirarle los trastos al vecino, amén de exigir las cabezas de quiénes creamos conveniente. Pero ahora no es el momento. Ahora es tiempo de confiar en Voro, el mejor entrenador del mundo. Es tiempo de creer que la directiva del Valencia sabe muy bien lo que hace al confiar en él. La alineación que diseñe el míster será la más apropiada. Y si en ese once hay algún jugador por el que no sintamos simpatía, es irrelevante. En el campo ese jugador va a defender los colores de nuestro amado club, con mayor o menor acierto, pero con el alma. Y eso es lo que necesitamos: un jugador que se deje el alma en la cancha.
No queremos ver el año que viene (y el siguiente) a un equipo de chiquillos jugar partidos contra el Elche, el Castellón o el Murcia. Queremos un equipo en la elite de Europa y de España que pueda mirar de tú a tú a los mejores. Y eso requiere también de nuestro esfuerzo y de nuestro compromiso. Se acabó el negativismo, hay que mirar el futuro en positivo. Pero sabiendo muy bien que somos un funambulista y no hay red debajo. Hay que luchar, pelear con los dientes apretados y no rendirse nunca.
Hay que mirar, sobre todo, al presente. No nos importa ahora quién formará parte de la plantilla de la temporada 2008/09. No nos importa quién se va a ir, quién se va a quedar y a quién vamos a fichar. Lo importante es el Osasuna, y luego el Barça, el Zaragoza, el Levante y el Atlético. Eso es lo más importante para el Valencia. Cómo vencer a esos equipos, cómo sacarles el mayor número de puntos posibles. Lo demás es humo. Y no tenemos tiempo ni energías para el humo.

Y hay que tener confianza. Confianza en los que llevan las riendas del club, en que van a ser capaces de tomar decisiones acertadas. Confianza en nuestros jugadores, los titulares y los suplentes, los que han jugado más y los que jugaron menos, los jóvenes y los apartados: en sus botas está el futuro del Valencia. Confianza en nosotros mismos, como valencianistas y como afición. Demostremos a toda España que están equivocados y que seguimos siendo una de las mejores aficiones del país. Apoyemos sin fisuras al equipo. Pero sobre todo hay que tener confianza en el técnico. Él sabe muy bien lo que necesita el equipo y cómo hay que enfocar la solución. Démosle tiempo y tranquilidad.
Y el próximo domingo hay que ir al campo y animar. Hay que desgañitarse hasta la extenuación. No dejemos tirado al equipo, nuestro aliento es el suyo. En dónde vayamos a jugar la próxima campaña está en nuestras manos; demos, por tanto, el máximo y, sobre todo, miremos el futuro con optimismo. Con optimismo pero con rabia; esa rabia que nos haga comernos a nuestros rivales antes incluso de que pisen el césped. AMUNT VALÈNCIA!

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