Hoy, tras la euforia de haber ganado dos partidos consecutivos. Después de que por fin los resultados empiecen a refrendar el buen hacer del equipo, no puedo mas que echar la vista atrás y, melancólicamente, observar lo que pudo ser el club este año y lo que dejó de ser.

Con un entrenador capaz desde la pretemporada. Con poder para hacer la necesitada limpia de vestuario, que apostara por la Juventud y sin diezmos que pagar a las vacas sagradas del vestuario. Un entrenador que hubiera trabajado codo con codo con su director deportivo en una única dirección.

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