Y es que todos lo vemos clarísimo. Albelda siempre ha sido un palurdete -que nadie vaya por donde no es, que ser de pueblo es una cosa, ¡¡¡y a mucha honra!!! y ser palurdo otra muy distinta- algo irreflexivo. Bonachón, cabezota… pero entrañable…
Pero ya nos lo decían nuestras madres cuando éramos pequeñitos…. ¡¡¡cuidado con las malas compañías!!!
