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REAL MADRID 2-3 VALENCIA CF
Si algo funciona, no hay por qué cambiarlo. El engranaje valencianista trabajó a la perfección para derrocar a todo un Barcelona en las semifinales de Copa del Rey, y hoy, en el domingo de resurección, el Valencia por fin ha dado una señal de vida y de mucha vitalidad. La semana de pasión y alegría che quedó cerrada cuando el Santiago Bernabeú se quedó helado y medio vacío después de que Arizmendi marcara el tanto de la victoria a dos minutos del final. Pero el gol del jugador madrileño no era más que la culminación a un encuentro antológico luchado con pundonor por los de Koeman. Los ches, al igual que hicieron el jueves pasado contra el Barça, le dejaron el balón y la iniciativa del juego a los de Schuster. El Real Madrid se encontró sin ideas para conducir el balón y los continuas pérdidas de balón en la zona de la medular propiciaron desde el comienzo peligrosísimos contraataques. Los valencianistas salían disparados con una velocidad endiablada hacia la portería de Casillas y cualquier acercamiento suponía un gran peligro de gol. Ronald Koeman logró que sus jugadores estuvieran bien plantados y posicionados sobre el terreno de juego de tal forma que la superioridad valencianista sobre el Madrid durante la primera mitad fue muy evidente. El domingo de resurección no solo supuso una victoria clave para el Valencia sino que tras 18 jornadas, Clos Gómez tuvo el suficiente valor como para señalar un penalti a favor de los blanquinegros, ¡y nada más y nada menos que en el Santiago Bernabeú!. David Villa ejecutó la pena máxima cerrando el duelo de sietes goleadores entre ambos equipos, que quedó empatado a dos tantos entre ambos después de que Raúl hiciera los goles madridistas que alimentan más la intoxicada campaña mediática para que pueda volver a la selección española. En la recta final del encuentro apareció la otra estrella del choque cuando el juego ya era loco de portería a portería. Timo Hildebrand paró todo lo que fue entre sus tres palos realizando estiradas casi inverosímiles para un guardameta, pero el alemán se crece en las grandes ocasiones y salvó al equipo en multitud de ocasiones antes de que Arizmendi cabalgara por la banda derecha para salvar la entrada de Cannavaro y batir a Casillas por el palo corto. El madrileño cerraba de esta forma una semana mágina e inolvidable para el Valencia C.F.

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