Esto es una pesadilla, y si no lo fuera, es un drama absoluto e inesperado. El Valencia sigue cuesta abajo y sin frenos, ha perdido total y absolutamente el rumbo, y ni siquiera la magnifica victoria contra el Getafe que nos dio la deseada Copa del Rey, ha servido para enderezar el rumbo de esta nave que se hunde si nadie lo remedia. Nadie esperaba una temporada tan absolutamente dantesca, tan terriblemente sufrida, y tan peligrosa para el futuro de nuestro equipo. Si bien muchos esperábamos una temporada de transición y con nula brillantez, sin títulos ni buen juego, y con una clasificación en Liga mediocre, la durísima realidad esta llegando a cotas de un surrealismo sorprendente.
Resulta que sí hemos ganado un titulo, un titulo considerado menor pero que cuando se gana da mucha felicidad a la afición, que además y como premio nos abre las puertas de Europa vía Uefa, y sin embargo en liga el equipo se hunde sin remedio hacia el infierno de la 2ª división. Algo tan inexplicable como real. Y nadie sabe muy bien que pasa, es tan extraño que todas las posturas son tan ciertas como discutibles. Unos culpan a Koeman sin ambages ni dudas, otros creen que la culpabilidad esta muy dividida, y algunos culpan con toda claridad a la plantilla, que siendo la misma que gana un titulo, es incapaz de conseguir 2 victorias balsámicas que nos den la tranquilidad de mantener al equipo en la 1ª división. Lo que no obvia que casi todo el mundo tiene por máximo responsable al dueño del club.

La vida da muchas vueltas. Eso lo sabemos todos. Los días de vino y rosas en el Valencia hace tiempo que quedaron atrás, y fue precisamente en aquellos buenos viejos tiempos, justo cuando se empezó a hablar de un nuevo y magnífico estadio para el Valencia, cuando la familia Soler entró en escena. La historia es bien sabida por todos. El padre, Bautista Soler, compró acciones hasta lograr la mayoría absoluta, y las cedió a su hijo Juan Soler para que se convirtiera en el nuevo presidente del club.