El Valencia cayó por tres goles a dos ante el Mallorca en un partido para olvidar del equipo de Émery, un resultado que obligará al equipo a mantener una intensidad y una concentración que no demostró ayer para que no peligre el puesto Champions.
El partido tuvo de todo, y no precisamente bueno. Además de la mala imagen que dio el equipo, sobretodo en la primera parte, y el aluvión de ocasiones del Mallorca que gracias a César no supusieron una goleada sonrojante, el conjunto de Émery sufrió una nueva lesión en defensa, la de Maduro, el único que quedaba, una nueva e injustificable expulsión, la de Fernandes, y un gol en propia puerta del propio Fernandes, que completó un partido absolutamente desastroso, siendo ayer el mejor aliado del Mallorca. Pero quizá peor que todos estos hechos circunstanciales y desgraciados fue el clima enrarecido y el mal ambiente entre entrenador y jugadores, que se dejó sentir en la sustitución del ‘Chori’ Domínguez, y que estalló en la sustitución de Banega, con un saludo del entrenador no devuelto por el argentino y una acalorada reacción del vasco. Las caras de los propios jugadores y los cuchicheos entre algunos de estos, como Villa y Joaquín, que quizá esperaban tener minutos, tampoco ayudaron a calmar las suspicacias. Sólo el tiempo permitirá ver si esta guerra entre entrenador y jugadores fue algo circunstancial, producto del mal partido de ayer y del calentón de algunos de los integrantes de la plantilla o va a mayores en próximas fechas, degenerando en perjuicio del equipo.