Estaba dándole vueltas a las diferencias entre tensión y crispación que trataba de encontrar el presidente del gobierno, y terminé sorprendiéndome de las analogías que se pueden encontrar entre el “periodismo” de la política y el “futbolero”.

La verdad es que siempre han utilizado metodologías similares, más basadas en el populismo y el amarillismo que otra cosa, pero es innegable que cada vez más, el amarillismo se va imponiendo en cualquier tema que salga a la luz.

Y saco esto a colación de todo lo que leo en las ediciones digitales de diarios deportivos y secciones deportivas de diarios generalistas, acerca de la ¡¡¡¡reunión secreta!!!! del presidente del Valencia, Juan Soler, el entrenador y su ayudante, con 8 jugadores de la plantilla, supuestamente para pactar la estrategia a seguir en el juicio, junto al abogado.

Viva el secretismo que indican los periodistas. Parece ser que solo se han enterado de la reunión, dos: los vivos y los muertos.

Y digo yo… …pero vamos, solo hablar por no callar… que si un empleado del club entró en el vestuario y citó a los jugadores, que acudieron tranquilamente a la cita, y si podemos observar una instantánea tomada al señor Koeman a la entrada del inmueble (sin pasamontañas ni barba postiza)… ¿a alguien, de entre todo ese grupo de redactores con ganas de que siga la fiesta, no se le ha ocurrido pensar que secretismo, lo que se dice secretismo, pues va a ser que no? ¿ninguno de ellos se ha dado cuenta de la diferencia de realizar algo en secreto o de, simplemente, no ser ellos unos de los invitados al evento?

Pero es evidente e innegable, que queda mucho más chulo montar una película de espionaje. Son unos flechas. Localizan la reunión en un lugar inencontrable, nada menos que el despacho del abogado (¿?). Hacen fotos a los participantes, que ponen su mejor sonrisa y no hacen ningún amago de despiste, porque poco menos que entraron y salieron todos juntos y cantando canciones de la tuna… pero según sus informaciones, fue una reunión de masones para conspirar contra ese gran mártir del valencianismo que ha denunciado al club por algo que es tan viejo como el fútbol. A ninguno de esos periodistas se le ha ocurrido pensar en que el club no ha escondido una reunión de este tipo porque… no tiene nada que esconder y que lo que ha pedido a esos jugadores es que digan, en el juicio, … LA VERDAD, así con mayúsculas y con toda naturalidad.

Porque decir la verdad es reconocer que quien deja de contar con Albelda & cia es Koeman, mientras que Albelda ha denunciado al club. Y, señores, el club no ha hecho nada criminalizable. Cumplen con todas y cada una de las obligaciones  que el club tiene estipuladas con el jugador. “Lo otro”, lo de no jugar, ya no es competencia del club, sino del entrenador. Y, que yo sepa, este no ha sido denunciado. Por tanto, los jugadores que acudan como testigos, por parte del club o de Albelda, tienen muy fácil cumplir con la verdad. Y si cumplen con ella, ni el club, ni Albelda, deben resultar enojados con sus compañeros y/o subordinados.

Nadie se alegra de que gente tan importante para la historia del Valencia CF sea arrinconada, pero el victimismo de Albelda es incomprensible. Ni se encuentra entre los 100 primeros jugadores a los que le sucede un hecho similar, ni tampoco, con el tiempo, se encontrará entre los 100 últimos.

Eso sí, posiblemente, cuando todo esto termine, se encontrará en el Top 10 de los que peor ha sabido manejar un asunto tan habitual en el fútbol. Podemos entender la actitud de Cañizares, triste, decepcionado, con algunas pataletas en los medios de comunicación, pero resignado y comprensivo, pero nunca la desproporción de Albelda. Y por supuesto, ambos a años luz de la dignidad señorial de alguien como Miguel Ángel Angulo, que ha demostrado que es, en los peores momentos, cuando se conoce el verdadero carácter de las personas…