
VALENCIA CF 1-2 RACING SANTANDER
La primera final ya está perdida. Si el partido del próximo miércoles es clave en esta desastrosa temporada valencianista, el de ayer no era menos para no quedar luchando por la permanencia, esa palabra que suena indigna para una entidad como el Valencia C.F. Pero lo cierto es que tanto entrenador como jugadores están arrastrando el club a una zona de la clasificación demasiado comprometida para salir victoriosos tal y como están los ánimos por la ciudad de Valencia.
De nuevo el Racing se llevó los tres puntos de Mestalla y ratifican los números de Ronald Koeman como los peores en la historia de la entidad. Marcelino García Toral, entrenador de los cántabros, le ganó la partida al técnico holandés con un juego lleno de oficio, orden y presión, justamente tres aspectos de los que carecen los blanquinegros. Después de todo, el que trabaja consigue su recompensa y queda evidenciado que un partido calificado como final no se puede preparar con entrenamientos de menos de una hora en los que solo hay rondos.
El Valencia C.F. malgastó toda la primera parte con un tedioso juego sin orden en el que apenas aparecieron para bien Baraja ni Edu. Joaquín fue el más incisivo por la banda derecha mientras que la izquierda se quedó coja con Silva. Por su parte, Morientes fue una isla solitaria en el ataque valencianista. Tchité pudo avanzar en dos acasiones al Racing, pero perdonó. Los blanquinegros solo empezaron a jugar cuando se vieron en peligro y se encontraron con el penalti de Villa. Entonces los engranajes comenzaron a girar y llegaron los mejores minutos valencianistas en los que Fernando Morientes remató dos veces al palo. Sin embargo, la alegría recuperada se acabó cuando Tchité puso el 1-2 en un fuera de juego criticado en exceso por Ronald Koeman. El holandés criticó duramente al árbitro tratando de justificar una derrota en la que hay que culpar más a la falta de juego de sus jugadores que a la actuación arbitral.
Ronald Koeman reservó a varios jugadores para la final como Mata y Banega, pese a que el argentino en los últimos partidos ha ido desapareciendo del once inicial de una forma alarmante. El equipo jamás dio la sensación de jugar bien en toda la primera mitad ya que más que un bloque, actualmente el Valencia C.F. son once jugadores inconexos dentro del terreno de juego. En la plantilla valencianista impera la política del “¡Sálvese quien pueda!” y cada jugador trata de cumplir su parte sin querer facilitar el juego a sus compañeros, salvo raras excepciones. Si un equipo está tan dividido como el actual Valencia resulta muy difícil salir victorioso de una situación tan complicada como esta. Los jugadores no van a dar más en liga con un entrenador que se ha olvidado de la táctica y quiere vivir de las genialidades de unos futbolistas hundidos de moral.
El Racing de Santander sin hacer mucho ruido tuvo dos clarísimas ocasiones de gol en los pies de Tchité, que acabó desaprovechando. La primera de ellas evidenció el estado de los jugadores valencianistas, que no siguieron la jugada después de que los de Marcelino continuara la jugada pese a estar Marchena tendido en el suelo. El delantero racinguista no perdonó el despiste a la zaga blanquinegra y se plantó en un mano a mano con Hildebrand, pero finalmente lanzó el balón muy cerca la cepa del palo.
Tras la reanudación los de Koeman se dieron cuenta de que habían desaprovechado la primera parte y se fueron asentando mejor en el campo. El juego era más consistente pero la reacción fue tardía, ya que cuando menos lo quisieron, Colsa puso el 0-1 en el marcador rematando dos veces solo dentro del área y ante la desesperación de Timo Hildebrand, que bastante hizo con atajar el primer tiro. Entonces el Valencia despertó y en la primera jugada después del gol del Racing, Morientes sacó petróleo en el área rodeado totalmente de jugadores verdiblancos que cometieron penalti sobre él.
Villa ejecutó la pena máxima y no perdonó a Toño. La salida del asturiano como revulsivo es un aire de optimismo para la final, y fue el principal responsable de la reacción valencianista que solo después del empate buscó la victoria. Con Villa y Morientes, y Silva y Joaquín por bandas llegaron los mejores momentos de los ches. Morientes remató al palo dos centros de Silva y Joaquín y la afición de Mestalla enseguida se cogió para apoyar la remontada. El gol valencianista se percibía en el ambiente, pero en cambio, llegó el 1-2 del Racing en un garrafal error defensivo del Valencia. Tchité enmudeció Mestalla y toda la reacción de los minutos anteriores pareció un espejismo del pasado. La desidia e impotencia volvió a imperar entre los jugadores, que cortan de tajo cualquier ilusión que pudiera haber de cara a la Copa.

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