A mí los que siempre se me acercan son los abuelos y las abuelas. Les tengo una manía...
Agosto. Toda la avenida de mi barrio llenita de bancos vacíos porque no hay ni Dios que no esté de vacaciones o que se atreva a salir de casa a pasar calor por la tarde. Sólo un banco está ocupado por Espe y su mejor amiga. Y llega un/a viejo/a y se sienta en el mismo banco que nosotras!!! No hay más bancos disponibles, no. Y encima pretende darnos tema de conversación. Nosotras hablando de nuestros amigos, de los estudios, de cine, de series, del futuro... y no, hay que hablar del calor que hace o de lo mucho que ha cambiado el barrio desde que se construyó (joder, y yo que sé, si me faltaban muchos años para nacer). Y el señor o la señora se piensa que ya es nuestro amigo. Y no ha pasado sólo una vez!!! Atraemos a los viejos

En otra ocasión estaba en otra plaza sentada en otro banco con 4 amigas más y de repente vinieron dos señoras, se sentaron a mi lado y se pusieron a hacer calceta y a hablar sobre las cortinas de su casa. Y anda que hablaban bajito, me estaba enterando más de cómo le estaba quedando la cortina a la señora que de lo que estaban hablando mis amigas. Has que me harté, me levanté y grité que estaba hasta los huevos de las señoras mayores que no tenían otra cosa que hacer que molestar a la juventud un viernes por la tarde. Mis amigas me miraron con cara de

pero las señoras no me hicieron ni puto caso. O no se dieron por aludidas (¿Ellas, señoras mayores?), o tenían más cara que espalda, o no tenían enchufado el Whisper XL

A veces creo que es posible que lo haya heredado. Mi madre va por la calle saludando a un montón de viejas que no conoce y que a veces le cambian el nombre. Supongo que se lo inventan. Aunque supongo que lo suyo puede explicarse porque trabajaba en la carnicería del barrio y tenía que tratar con todas las marujas

Wah, qué tocho
