Tras el partido de ayer en Barcelona, no ha faltado alguno que ha querido recordar al anterior inquilino del banquillo de Mestalla con aquello de que para jugar al contrataque, arropaditos atrás, viendo venir al rival, no hacía falta cargarse a Quique.
Hombre… visto así… hasta se le podría dar la razón. Pero claro, tampoco habría que olvidar que no es lo mismo analizar tus fuerzas y tus posibilidades y terminar reconociéndote inferior al Barcelona para realizar un juego de control de pelota, que realizar ese mismo ejercicio en la previa de partidos en Almería, Huelva o Santander, por no nombrar algunos partidos jugados en el propio Mestalla, y terminar llegando a la misma conclusión.
Este equipo logrará el equilibrio cuando sea capaz de controlar el juego el mayor tiempo posible de cada partido, lo que no significa que controle la posesión de la pelota, sino que sea capaz de variar de juego -con soltura, se entiende- en virtud de sus necesidades. Contra el Recreativo, el pasado sábado, era necesario jugar tal y como se hizo. Y ayer otro tanto. Ninguno de los dos partidos los ganamos. Pero en ambos casos pudimos hacerlo. Y los aficionados estamos satisfechos del juego desarrollado en ambos partidos. Por tanto, no caben comentarios acerca del resultadismo.
Ayer era un partido para jugarlo así, aunque no fuera vistoso. El Barcelona está en un momento absolutamente extraordinario y ayer jugó de una manera fantástica. Aún así, nuestra solidez les impidió desbordarnos más que en arranques individuales de varios de los genios que poseen, a excepción hecha de un par de errores nuestros, que sí les permitió combinar hasta nuestra área. Hildebrand hizo el resto.
Ayer, nuestros jugadores hicieron gala de una concentración y un compromiso colectivo fabuloso, especialmente nuestros delanteros. Mención especial para Mata, que ayudó una barbaridad a Moretti. La verdad es que este chico apunta a estrella. No solamente tiene clase y gol, sino que es uno de los jugadores más inteligentes de la plantilla. Su comprensión del juego es realmente magnífica y casi diría que asombrosa para su edad. Como la del argentino Banega, otro jugador que auna clase y cerebro. Ellos dos, junto con algún otro más, deben ser el eje sobre el que se asiente el futuro del equipo.

Hoy en el café he tenido la misma discusión y he contestado exactamente como tu segundo párrafo.
Una cosa es poner el autobús contra el Barça y otra es hacerlo en casa contra el Valladolid.
28 de Febrero de 2008