Vicent Chilet, Valencia - Levante-EMV

A esas alturas de 1923, cuarenta y siete balas habían fulminado a Pancho Villa, el general Primo de Rivera instauraba la dictadura en España y Adolf Hitler planeaba en las tabernas de Múnich su (fracasado) golpe de Estado en Alemania. El 6 de octubre de 1923, Mestalla contaba con apenas seis meses de vida y cerca de 900 aficionados valencianistas, subidos en barcos y trenes, se presentaron en Les Corts para presenciar dos amistosos contra el poderoso FC Barcelona. Aquel fue el primer gran éxodo de seguidores blanquinegros en la historia. En ese viaje -tercer desplazamiento del Valencia fuera de la C. Valenciana- se instauró una tradición que condujo a masivas expediciones a Madrid, Barcelona y Sevilla, en finales de Copa, y a las cimas europeas de Bruselas, París y Milán… Ochenta y cinco años después, decenas de millares de aficionados, herederos sentimentales de los primeros aventureros, acudirán a Madrid para alentar al Valencia en el asalto final para alcanzar la séptima Copa de su historia.
En el otoño de 1923 ya se intuía que el Valencia FC, con sólo cuatro años de existencia, había nacido con el objetivo de representar al cap i casal con el foot-ball, la gran revolución deportiva que inventaron los ingleses. Así lo delata la moderna estructuración interna de la entidad, el crecimiento deportivo de la plantilla liderada por Montes y Cubells y, sobre todo, el eufórico entusiasmo de su hinchada. El VFC logró un meritorio empate a cero en el primer envite, devaluado porque el Barça alineó el equipo suplente -con Platko de guardameta, el “oso rubio de Hungría” que inmortalizara el poeta Alberti-. En el segundo amistoso, los azulgranas desplegaron todo su potencial ofensivo con Samitier, Alcántara y Sagi Barba. El Valencia llegó a adelantarse 1-2 para acabar cayendo por 5-2, completamente exhausto y sin pasar del centro del campo.

“El culto rayano en el fanatismo”

En la prensa de Barcelona causó una grata sorpresa el masivo desplazamiento, algo inusual en la época. El periódico La Jornada Deportiva se hacía eco en portada y en cuatro páginas interiores de la pasión con la que los aficionados valencianistas se tomaban su militancia, en una documentación facilitada a este periódico por el escritor Miquel Nadal: “Ha pasado ya también, por el campo de Las Corts, ese meteoro luminoso que apareció de pronto en el firmamento del fútbol nacional. No hay que alarmarse, señores. El Valencia no es una cosa definitiva. Es algo que, indudablemente, será dentro de muy poco. Y entonces si tendremos un candidato muy serio al más alto premio del fútbol nacional! Todo es cuestión de tiempo, y hay que reconocer que el culto rayano en el fanatismo que por los suyos sienten los valencianos les empuja a ellos de manera cada vez más acelerada…”, señaló el cronista local.
El empate cosechado en el primer amistoso en Les Corts fue celebrado con euforia, incluso en Valencia, donde la noticia llegó de inmediato por vía telefónica: “Hubo el sábado por la noche júbilo y tracas. Eran por el empate del Valencia en Barcelona. En Valencia no dijeron que era con el reserva este empate. Cosas del entusiasmo y el fanatismo. Ahora que sin este fanatismo, sin este fuego sagrado que les anima, el Valencia no sería el Valencia. ¿No es admirable haber venido a Barcelona 900 valencianos, con el único objeto de animar y sostener a su equipo?”. Cuando se conoció que el Barça había jugado con suplentes, Ramón Leonarte, presidente valencianista, elevó una queja oficial al club catalán.

Mariano, el héroe

En el segundo encuentro, el Valencia entrenado por el checo Anton Fivber llegó a soñar con la victoria, como recogía la crónica firmada por I. Corbinos: “Los 800 y pico de valencianos que se congregaron en el terreno del Barcelona (venidos expresamente de Valencia) así lo anunciaban. Por eso cuando Montes marcó el precioso segundo goal, que les valió una momentánea ventaja, una ráfaga de entusiasmo vibrante se dejó sentir, a la vez que unos tremendos ¡Viva Valencia! llenaron el espacio”. El Valencia mostró un juego alegre y ofensivo, que gustó a la parroquia culer, con una añadida actuación destacada del meta blanquinegro Mariano: “Es el verdadero Valencia. Su juego brillante, fino, causó primero estupor, luego complacencia en el público. Además, Mariano, el guardameta de Levante, (…) fue el héroe de las dos jornadas, parando realmente lo que no podía pararse”.
El Barça saltó al césped con sus figuras “dispuesto a merendarse bonitamente” al Valencia y con goles de Samitier (2), Alcántara (2) y Sagi Barba, acabó por imponer la ley del más fuerte “con la misma frescura con la que se juega una partida de billar”. No obstante, en su primera incursión en feudo azulgrana, el imberbe Valencia ya llegó a meter el miedo en el cuerpo al Barcelona. Como téorico favorito al triunfo se presenta el Valencia en la final copera contra el Getafe. Para ello contarán, como hace ochenta y cinco años, con el aliento del “fuego sagrado” de su eterna hinchada.