Pancarta

No sé lo que querrán los demás aficionados del Valencia. No estoy dentro de sus cabezas. Pero yo sé muy bien lo que quiero. Quiero que el Valencia gane. Siempre. Todos los partidos. Que gane como sea, pero que gane. Que se nos amontonen las ligas, las copas, las champions leagues y demás torneos. En este escenario idílico poco importa el juego desplegado, poco importa si el entrenador emplea este u otro sistema, poco importa si hay jugadores descontentos, si hay problemas en el vestuario, poco importa si la situación económica impide el fichaje de cracks mediáticos. Nada de esto importa. Nada de esto me importa a mí si el Valencia gana.

Claro que la cruda realidad nos muestra que fútbol es fútbol y que no siempre se puede ganar. El resultadismo suele dejar un malísimo sabor de boca cuando las cosas se tuercen. Así que yo tengo muy claras mis ideas y mis preferencias. Ante todo quiero que el Valencia juegue bien. Que no es lo mismo que jugar bonito. Jugar bien significa que los jugadores sepan lo que hay que hacer en el campo en cualquier circunstancia, que el entrenador tenga un plan maestro, y que los jugadores estén implicados en el equipo.

También, por supuesto, quiero ver ambición. No concibo que el objetivo de los jugadores al saltar al campo sea otro que el de ganar. Los jugadores deben salir a comerse el césped. La victoria es lo único que deben tener en mente. Luego, en el partido, podrá ocurrir cualquier cosa. Los partidos se pueden ganar, perder o empatar. Pero el Valencia debe salir a ganarlos.

Si el equipo juega bien y tiene ambición, los resultados llegarán. Y quizá, quizá también llegará el juego bonito y espectacular. Pero eso será la guinda del pastel. El juego bonito debe ser una consecuencia del trabajo bien hecho del equipo y no un objetivo en sí.