Apreciados amigos. Es todo un detalle que durante vuestras noches de jarana os acordéis de nosotros, los pobres. Estoy seguro que el placer de las viandas del restaurante solo fueron superadas por ese esquisto regusto en el paladar que deja el buen vino de rioja. Me sonrío al pensar en el momento, una anécdota, un “ponme mas vino”, sonrisas por doquier y al final, para rematar la noche, unos lingotazos de Cardhu con hielo cortado en forma de iceberg en la disco de moda ¡Quien pudiera haber estado!
Tranquilos, no me he enfadado… yo entiendo que en esos momentos todos somos los mas altos, guapos y aguerridos. Son los efectos del alcohol, quien no los ha vivido. Solo querría pediros, que en el futuro cuando entre vosotros soltéis las típicas bravuconadas, lo hagáis lejos de los periodistas. Ya sabéis amigos, la mayoría no dan para mucho mas y os creen cuando escuchan cosas como “pues yo me bebo 5 como este y no caigo”, “pues yo anoche le hice el amor cinco veces a mi mujer”, o de las buenas… “pues yo oferto 20 millones de euros por Silva”, “bahhh eso no es nada yo le ofrezco al Valencia a dos tios cedidos y le bajo 10 kilos de precio”.


Quiero que el Valencia destruya mi carrera, es mas, quiero que me esclavice, que me hunda en la mas absoluta de las miserias futbolísticas. Eso sí, que durante el transcurso que lleve esa pública “humillación”, me pague cinco millones de euros por temporada, que mi concurso en el club me lleve a ser campeón de Europa con España, máximo goleador de la Eurocopa y pichichi nacional. Mi pregunta es: ¿me estoy volviendo masoquista o los periodistas filo-madridistas son tontos de remate?
Asisto hastiado y asqueado, como todo valencianista que se precie, al lamentable espectáculo de las pretensiones madridistas de hacerse con David Villa a precio casi de saldo. Pero esto, con todo, no es lo peor. A una rutina bastante más furibunda, pero tan humillante como siempre, el Valencia S.A.D. está haciendo un doloroso mutis que ya empieza a ser humillante.